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Testimonio de la Promoción 1959 ... Sucedió hace más de 50 años... Imprimir Correo electrónico
Martes, 01 de Diciembre de 2009 17:08

Con profunda alegría les transcribimos a continuación el testimonio que, en representación de sus compañeros, la Promoción del año 1959, hiciera el exalumno José Marchetti Patiño durante la Sesión Solemne del Día del Exalumno, quien en forma muy amena nos trae el recuerdo de las travesuras de esos chiquillos que cursaron sus estudios en nuestro querido Colegio y que egresaron hace ya cincuenta años.




Hace 50 años que egresamos. Transcurría el año 1959, fuimos la séptima generación que salía de 6º humanidades, o cuarto medio actual. Hoy que nuestras edades aumentaron en 50 años podemos decir que las etapas del hombre son tres:

La niñez
La adultez
Y... ¡Qué bien te ves!


Para que puedan apreciar lo bien que nos vemos, como en un conjunto musical deseo presentar a mis compañeros:


Raúl Araya Vega
Germán Avaria Loyola
Ricardo Ayala Reinoso
Sergio Barahona Barahona
Pedro Deformes Duco
Guillermo González Martín
Julio Henríquez Arias
Renato Hernández Ibacache
Manuel Inostroza Morales
José Marchetti Patiño
Ricardo Ortega Salamanca
Raúl Reyes Santelices
Jorge Robles Squella
Patricio Serey Castillo
Alfredo Tacchini Gajardo
Víctor Villaseca Barrera


Tres de nuestros compañeros ya no están con nosotros Germán Avaria Loyola, Sergio Barahona Barahona y Pedro Deformes Duco, pero tienen un espacio en nuestro espíritu y seguirán existiendo mientras los recordemos. También pensamos que tenemos tres ángeles que conocieron nuestras debilidades y nos ayudarán comprensivamente cuando los necesitemos.

 

Hace 50 años que nos fuimos, pero en nuestra mente aún hay algunos recuerdos imborrables.
Normalmente en estos discursos se rinde homenaje a los educadores que tuvimos. Pero, igual que hace cinco años, estimo que las vivencias y las anécdotas reflejan a las personas reales y pueden ayudar a comprender mejor la grandeza de los Hermanos Maristas a los exalumnos que no tuvieron la oportunidad de conocerlos.

 

Hace más de 50 años, el Hermano Aquilino era un verdadero motor del Colegio, estaba a cargo de la revista de gimnasia, de la banda, del coro y era un verdadero relacionador público de los Hermanos Maristas. Tenía un vigor inmenso y nos arrastraba en sus proyectos.

 

Hace más de 50 años el Instituto desfilaba en la Plaza de Armas para el 21 de mayo. El desfile se realizaba por la calle Esmeralda desde Santa Rosa hasta Maipú. La banda del Regimiento Guarda Vieja, bautizada cariñosamente por nosotros como los Churumbeles de Coquimbito, estaba encajonada en la vereda del Hotel Plaza. La banda de guerra del Instituto se situaba en estricta formación en Santa Rosa. El corneta mayor tocaba un llamado de atención que era respondido por un trompeta del regimiento. Otro llamado y nuestra banda iniciaba el desfile tocando y marchando hasta encajonarse al costado de la banda del regimiento. Todos los movimientos eran ejecutados con mucha disciplina y precisión. Luego desfilaba el abanderado y entre las señales respectivas se ejecutaba el paso de parada. A continuación desfilaba el colegio entero, incluida La Peneca. En algunas oportunidades nuestra banda seguía tocando para que desfilara a continuación el Colegio María Auxiliadora.

 

Hace más de 50 años el Hermano Aquilino se situó delante del estandarte y con mirada decidida encabezó el desfile del 21 de Mayo. Al llegar a la señal saludó militarmente a pesar que no llevaba gorra e inició el paso de parada mientras su sorprendida sotana revoloteaba tratando de seguir sus gallardos pasos. Nuestra sorpresa era muy grande, pero el aplauso cerrado de los espectadores nos hizo apreciar el gran comandante que teníamos.

 

Hace más de 50 años tuvimos de profesor jefe al Hermano Ignacio, que entre nosotros, era el chico Ignacio. El fue un gran formador de personalidades un verdadero Guía, nos enseñó a mirar Dios con ojos científicos, no solamente desde la perspectiva de la fe.

Gracias a su manera de ver la vida, posteriormente descubrí a Dios en la anomalía del agua. ¿Por qué el hielo flota en el agua? ¿Qué sucedería si no fuera así? Y haciéndome muchas más preguntas descubrí la inmensa sabiduría que en la naturaleza puso nuestro Creador. Años después descubrí que el poético relato de la creación coincide con la teoría de la evolución si cambiamos cada día de la creación por una gran extensión de tiempo.

 

Hace más de 50 años, cuando estábamos en 5º Humanidades llegó al Colegio el Hermano Berardo y tuvimos la gran fortuna que fuera nuestro profesor jefe. El logró unir férreamente a nuestro curso. ¡Todos estábamos contra él!
El tenía profundos conocimientos de todos los temas, era una verdadera enciclopedia. Nos impartía los ramos de religión, francés y matemáticas.

 

Hace 50 años en el salón de actos se realizaba el Mes de María. En la testera se ubicaban todos los Hermanos y nosotros por ser el curso superior estábamos al fondo. Debido a que no permanecíamos totalmente estáticos el Hermano Berardo nos hacía gestos y señales con la cabeza para llamarnos la atención, pero nosotros lo interpretábamos como que nos estaba saludando y respondíamos a sus saludos. Un día de vuelta a la sala y antes que entráramos, el Hermano indignado dio un castigo:


- ¡Araya tres páginas de traducción!
Raúl Araya preguntó inocentemente : ¿De francés o de matemáticas, Hermano?
- ¡De francés!
Le contestó tan indignado que no apreció la ironía de la pregunta.

 

Hace 50 años en las tardes entrábamos a las dos y rezábamos el rosario. El Hermano Berardo se concentraba y aparentemente nada lo distraía. Varias veces una mosca aterrizó en su cara y se paseaba tranquilamente a través de ella, incluso practicaba temerariamente andinismo en su nariz. El soportaba estoicamente las aventuras de la mosca. A nosotros nos costaba mucho concentrarnos en el rosario y mentalmente calculábamos quien triunfaría. El nunca hizo un gesto para espantar a la mosca. Al Hermano Berardo parecía que nada podía perturbarlo.

 

Hace 50 años en una clase de religión el Hermano Berardo nos contó que en un manicomio un orate que estaba cortando leña le preguntó al capellán
¿Padre está usted en estado de gracia?
Sí, lo estoy, respondió el sacerdote
El loco lo mató de un hachazo ya que en estado de gracia se iría directo al cielo.
Ricardo Ortega preguntó:
Hermano ¿usted está en estado de gracia?
Si, creo estarlo, respondió.
De inmediato se sintió un fuerte ruido de movimiento de pies como si todos nos fuéramos a parar.

El Hermano Berardo comprendió lo que estaba pasando y se sintió muy afectado que quisiéramos enviarlo al cielo. Él estaba profundamente sentido. Nosotros enormemente sorprendidos porque habíamos descubierto sensibilidad en este hermano tan inflexible.

 


Hace menos de 50 años
, sólo hace 5 años les conté lo siguiente: Estábamos en sexto humanidades, Fidel Castro se había tomado el poder en Cuba el 1 de enero de 1959. El Hermano Berardo nos dio una lección de política internacional, hizo un trazado de lo que sería ese gobierno. Todo se cumplió tal como lo había vaticinado, pero se quedó corto en cuanto a la duración del régimen.
Aparentemente este comentario llegó a oídos de Fidel y creo que se ha resistido a dejar este mundo por miedo a encontrarse con el Hermano Berardo.

 

Hace 50 años el Hermano Berardo era mi profesor de matemáticas y lo recuerdo con mucha admiración y respeto, pero él nunca me calificó con un siete a pesar que mis interrogaciones y tareas estaban perfectas. Su razón era ¿crees que sabes todas las matemáticas que debes saber?

 

Hace más de 50 años tuvimos al Hermano Emeterio como profesor de historia, era excelente, desarrollaba todo el programa y hacía dos repasos en el año. No había forma de no saber historia con su manera teatral de enseñar. Lamentablemente no lo supimos aprovechar, hacíamos desorden en sus clases porque sabíamos que no nos castigaría y que por su nobleza no nos acusaría. Al Hermano Emeterio se le veía feliz, pero nunca se reía. Cuando hacíamos alguna broma en clases él nos apocaba diciendo ¡Chicos eso es muy antiguo, lo han repetido muchas veces!..

 

Hace más de 50 años Víctor Pascual Villaseca trajo un arma a clases. El revólver, sin ofender a nadie, estaba viejo y roñoso. Lo vimos y nos pusimos de acuerdo en el recreo que si Villaseca sacaba el revólver en la clase de historia, Alfredo Tacchini que se sentaba atrás de él nos avisaría. El Hermano Emeterio comenzó su clase y después de varios minutos Tacchini dio un terrorífico alarido y todos nos amontonamos tiritando en el fondo de la sala. Villaseca quedó solo y no sabía que hacer con el revólver. ¡Nos va a matar! gritábamos. El Hermano Emeterio, desorientado, miraba alternativamente a Villaseca y al resto del curso asustado y tiritando. Entendió y rompió en carcajadas que nunca le habíamos oído y dijo ¡Chicos este sainete no lo conocía!
Desde ese día fuimos más respetuosos, pero no tanto como el Hermano Emeterio se lo merecía.


Hace más de 50 años estudiábamos en blanco y negro, los libros casi no tenían imágenes ni gráficos, solamente letras. Los libros en colores eran carísimos. Esto nos permitió desarrollar la imaginación para entender cuando el hermano Emeterio nos describía las Cúpulas Acebolladas de las iglesias bizantinas y otros conceptos que ahora son tan fáciles de entender con la gran profusión de imágenes e información. En ese tiempo no había televisión, calculadoras, los teléfonos fijos eran escasos y atendidos por operadoras que preguntaban ¿número? Y por supuesto no había computadores ni celulares.

 

Hace 50 años los egresados de sexto humanidades salían con preparación suficiente para desempeñarse en importantes trabajos que ahora exigen título universitario.

Todo esto hace más destacable la labor de los Hermanos que eran capaces de transmitir saber, formación y profunda cultura con tan escasos medios audiovisuales.

 

Hace 50 años que empecé a reconocer la extraordinaria formación que recibí en este gran Colegio y que muchas de las cosas inútiles que nos enseñaron son la base de una sólida cultura.

Hace menos de 50 años, sólo hace unos segundos terminé de pronunciar el discurso de los 50 años. Gracias

 

José Marchetti Patiño

Los Andes, 4 de octubre de 2009