| Testimonio de la Promoción 1959 ... Sucedió hace más de 50 años... |
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| Martes, 01 de Diciembre de 2009 17:08 | |||
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Hace 50 años que nos fuimos, pero en nuestra mente aún hay algunos recuerdos imborrables.
Hace más de 50 años, el Hermano Aquilino era un verdadero motor del Colegio, estaba a cargo de la revista de gimnasia, de la banda, del coro y era un verdadero relacionador público de los Hermanos Maristas. Tenía un vigor inmenso y nos arrastraba en sus proyectos.
Hace más de 50 años el Instituto desfilaba en la Plaza de Armas para el 21 de mayo. El desfile se realizaba por la calle Esmeralda desde Santa Rosa hasta Maipú. La banda del Regimiento Guarda Vieja, bautizada cariñosamente por nosotros como los Churumbeles de Coquimbito, estaba encajonada en la vereda del Hotel Plaza. La banda de guerra del Instituto se situaba en estricta formación en Santa Rosa. El corneta mayor tocaba un llamado de atención que era respondido por un trompeta del regimiento. Otro llamado y nuestra banda iniciaba el desfile tocando y marchando hasta encajonarse al costado de la banda del regimiento. Todos los movimientos eran ejecutados con mucha disciplina y precisión. Luego desfilaba el abanderado y entre las señales respectivas se ejecutaba el paso de parada. A continuación desfilaba el colegio entero, incluida La Peneca. En algunas oportunidades nuestra banda seguía tocando para que desfilara a continuación el Colegio María Auxiliadora.
Hace más de 50 años el Hermano Aquilino se situó delante del estandarte y con mirada decidida encabezó el desfile del 21 de Mayo. Al llegar a la señal saludó militarmente a pesar que no llevaba gorra e inició el paso de parada mientras su sorprendida sotana revoloteaba tratando de seguir sus gallardos pasos. Nuestra sorpresa era muy grande, pero el aplauso cerrado de los espectadores nos hizo apreciar el gran comandante que teníamos.
Hace más de 50 años tuvimos de profesor jefe al Hermano Ignacio, que entre nosotros, era el chico Ignacio. El fue un gran formador de personalidades un verdadero Guía, nos enseñó a mirar Dios con ojos científicos, no solamente desde la perspectiva de la fe.
Hace más de 50 años, cuando estábamos en 5º Humanidades llegó al Colegio el Hermano Berardo y tuvimos la gran fortuna que fuera nuestro profesor jefe. El logró unir férreamente a nuestro curso. ¡Todos estábamos contra él!
Hace 50 años en el salón de actos se realizaba el Mes de María. En la testera se ubicaban todos los Hermanos y nosotros por ser el curso superior estábamos al fondo. Debido a que no permanecíamos totalmente estáticos el Hermano Berardo nos hacía gestos y señales con la cabeza para llamarnos la atención, pero nosotros lo interpretábamos como que nos estaba saludando y respondíamos a sus saludos. Un día de vuelta a la sala y antes que entráramos, el Hermano indignado dio un castigo:
Hace 50 años en las tardes entrábamos a las dos y rezábamos el rosario. El Hermano Berardo se concentraba y aparentemente nada lo distraía. Varias veces una mosca aterrizó en su cara y se paseaba tranquilamente a través de ella, incluso practicaba temerariamente andinismo en su nariz. El soportaba estoicamente las aventuras de la mosca. A nosotros nos costaba mucho concentrarnos en el rosario y mentalmente calculábamos quien triunfaría. El nunca hizo un gesto para espantar a la mosca. Al Hermano Berardo parecía que nada podía perturbarlo.
Hace 50 años en una clase de religión el Hermano Berardo nos contó que en un manicomio un orate que estaba cortando leña le preguntó al capellán
Hace 50 años el Hermano Berardo era mi profesor de matemáticas y lo recuerdo con mucha admiración y respeto, pero él nunca me calificó con un siete a pesar que mis interrogaciones y tareas estaban perfectas. Su razón era ¿crees que sabes todas las matemáticas que debes saber?
Hace más de 50 años tuvimos al Hermano Emeterio como profesor de historia, era excelente, desarrollaba todo el programa y hacía dos repasos en el año. No había forma de no saber historia con su manera teatral de enseñar. Lamentablemente no lo supimos aprovechar, hacíamos desorden en sus clases porque sabíamos que no nos castigaría y que por su nobleza no nos acusaría. Al Hermano Emeterio se le veía feliz, pero nunca se reía. Cuando hacíamos alguna broma en clases él nos apocaba diciendo ¡Chicos eso es muy antiguo, lo han repetido muchas veces!..
Hace más de 50 años Víctor Pascual Villaseca trajo un arma a clases. El revólver, sin ofender a nadie, estaba viejo y roñoso. Lo vimos y nos pusimos de acuerdo en el recreo que si Villaseca sacaba el revólver en la clase de historia, Alfredo Tacchini que se sentaba atrás de él nos avisaría. El Hermano Emeterio comenzó su clase y después de varios minutos Tacchini dio un terrorífico alarido y todos nos amontonamos tiritando en el fondo de la sala. Villaseca quedó solo y no sabía que hacer con el revólver. ¡Nos va a matar! gritábamos. El Hermano Emeterio, desorientado, miraba alternativamente a Villaseca y al resto del curso asustado y tiritando. Entendió y rompió en carcajadas que nunca le habíamos oído y dijo ¡Chicos este sainete no lo conocía!
Hace 50 años los egresados de sexto humanidades salían con preparación suficiente para desempeñarse en importantes trabajos que ahora exigen título universitario. Todo esto hace más destacable la labor de los Hermanos que eran capaces de transmitir saber, formación y profunda cultura con tan escasos medios audiovisuales.
Hace 50 años que empecé a reconocer la extraordinaria formación que recibí en este gran Colegio y que muchas de las cosas inútiles que nos enseñaron son la base de una sólida cultura. Hace menos de 50 años, sólo hace unos segundos terminé de pronunciar el discurso de los 50 años. Gracias
José Marchetti Patiño Los Andes, 4 de octubre de 2009
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